Había olvidado lo bien que me puedo sentir haciendo ciertas cosas; si bien es cierto, a medida que vamos creciendo tenemos cada vez más deberes y obligaciones, debiendo dejar de lado lo que nos gusta más hacer; y no es algo que lo hagamos de mala gana o sin darnos cuenta, simplemente nos convertimos en adultos y con ello viene la responsabilidad de cumplir con determinados asuntos. Encontrando de cierta forma un deleite especial realizando dichos deberes y obligaciones. Pero qué pasa cuando volvemos explorar en los pasatiempos dejados de lado, volvemos a disfrutarlos como solíamos hacerlo o ya no es lo mismo, se queda como algo que hacíamos de jóvenes y que nos entretenía, bueno puede pasar cualquiera de las dos situaciones...
A mí me pasa lo primero, lo disfruto y recuerdo qué llenaba de vida mis días de adolescente y ahora porqué no mis días de adulto; y así es, la emoción que había olvidado regresa de nuevo a mí y con más fuerza, y más alegría. No hay que dejar en recuerdos lo que nos hacía estremecernos de pasión; al contrario, hay que cultivarlo y apreciarlo, porque es la esencia de nuestro ser y no hay nada más valioso que ello.
A mí me pasa lo primero, lo disfruto y recuerdo qué llenaba de vida mis días de adolescente y ahora porqué no mis días de adulto; y así es, la emoción que había olvidado regresa de nuevo a mí y con más fuerza, y más alegría. No hay que dejar en recuerdos lo que nos hacía estremecernos de pasión; al contrario, hay que cultivarlo y apreciarlo, porque es la esencia de nuestro ser y no hay nada más valioso que ello.

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