sábado, 4 de julio de 2009

I & S


Mi gran temor siempre ha sido la muerte, el fin de mis días... francamente no puedo culparme por temerle, ya que el ser humano teme a lo desconocido por naturaleza, sólo tengo que lidiar con ello y tratar de superarlo, aunque sea díficil. Mis días no deben de ser comunes, siempre habrá algo especial en ellos!

Me siento verdaderamente afortunada al tener amigos que me aprecien y me quieran, que me hagan sonreir, que me escuchen y aconsejen, sé que no hay nada más valioso que ello y hacen que mis días sean especiales; ya que, siempre habrá algo que recordar y atesorar con tremendo amor. Porque nunca olvidaré a S tocando la guitarra eléctrica de madera ni a I saliendo con la guaraná, momentos como esos hacen que agradezca seguir viviendo y apreciarlos y retratarlos en mi memoria.

En todo el camino de regreso a casa vine sonriendo, no podía dejar de hacerlo, la confianza que tienen en mí hacen que me sienta especial y con ello, hacen que ellos sean especiales para mí, que los bailes tratando de imitar a Michael Jackson (muy apreciado por nosotros) sean más que agotadores, ¡divertidos! que nuestras penas se conviertan es razones de seguir adelante, porque nada puede deternos, siempre nos tendremos el uno al otro, una sonrisa, un abrazo, una mirada adelantadora que nos impulse a dar lo mejor de nosotros mismos y a recibir lo mejor porque simplemente lo merecemos.

Un whisky, un piqueos, una sopa ramen, tres chocosodas y galletas untadas han hecho de esta noche, llena de risas y carcajadas, penas y temores, una noche especial para cada uno de nosotros, gracias por la calidez y la amistad, eternamente gracias.

jueves, 2 de julio de 2009

Disfrutar

Había olvidado lo bien que me puedo sentir haciendo ciertas cosas; si bien es cierto, a medida que vamos creciendo tenemos cada vez más deberes y obligaciones, debiendo dejar de lado lo que nos gusta más hacer; y no es algo que lo hagamos de mala gana o sin darnos cuenta, simplemente nos convertimos en adultos y con ello viene la responsabilidad de cumplir con determinados asuntos. Encontrando de cierta forma un deleite especial realizando dichos deberes y obligaciones. Pero qué pasa cuando volvemos explorar en los pasatiempos dejados de lado, volvemos a disfrutarlos como solíamos hacerlo o ya no es lo mismo, se queda como algo que hacíamos de jóvenes y que nos entretenía, bueno puede pasar cualquiera de las dos situaciones...

A mí me pasa lo primero, lo disfruto y recuerdo qué llenaba de vida mis días de adolescente y ahora porqué no mis días de adulto; y así es, la emoción que había olvidado regresa de nuevo a mí y con más fuerza, y más alegría. No hay que dejar en recuerdos lo que nos hacía estremecernos de pasión; al contrario, hay que cultivarlo y apreciarlo, porque es la esencia de nuestro ser y no hay nada más valioso que ello.